La Interpretación de los sueños (I)

Los sueños y su interpretación

Los sueños son una herramienta de autoconocimiento, y en ellos se mezcla a menudo la vertiente espiritual con la psicológica. Es habitual encontrar libros que nos dan claves para interpretar los sueños, con significados fijos, pero la realidad es que los sueños no funcionan así. Cada sueño es siempre algo individual, y requiere un estudio y una reflexión completamente personal.

En nuestros sueños, nuestro subconsciente nos habla de nuestros deseos, miedos e inseguridades. Cuando somos niños pequeños, los sueños son transparentes. Si el niño quiere ir al zoo, sueña que va al zoo. Si le han regañado por llegar tarde a clase, sueña que llega tarde. Pero los adultos tenemos miedos más complejos, y una tendencia preocupante a no ser sinceros con nosotros mismos. Por ello la mente utiliza unos mecanismos que transforman los sueños de tal modo que nos resultan casi inexplicables. O, mejor dicho, que sólo cuando hemos logrado desentrañar se hacen evidentes.

Un sueño es como un poema. La realidad se presenta modificada, empleando una serie de herramientas mentales, similares a las figuras retóricas. Con un problema añadido, y es que tendemos a olvidar nuestros sueños, a desdibujar los detalles rápidamente, que suelen ser lo más importante, lo que nos dará la clave para entender su significado y, por lo tanto, acercarnos más a conocernos a nosotros mismos.

El primer paso, por lo tanto, es ser capaz de recordar los sueños. Para ello puedes utilizar una libreta, una nota del móvil o lo que prefieras, pero es imprescindible que en cuanto te despiertes apuntes todos los detalles del sueño. Y eso no es sólo lo que sucedía, sino también las emociones implicadas. No es importante que apareciera un cartero en tu salón, sino la sensación que transmite. ¿Comodidad, inseguridad, alegría? Esas sensaciones es lo que nos permitirán comprender el significado.

Para analizar los sueños no son importantes ni los objetos, ni las personas ni, muchas veces, las acciones. Lo esencial es cómo se relacionan esos conceptos y las emociones que nos provocan.

Evidentemente, el proceso de conocer nuestros sueños es lento, pero una vez hemos superado las barreras del inconsciente, los sueños se volverán cada vez más claros, más directos. Si nuestra mente acepta que lo vamos a entender igual, no se esforzará en codificar todo lo que hemos soñado. En la próxima entrada pasaremos a detallar algunas de las formas en las que los sueños se transforman, con más calma y más ejemplos, pero mientras, si quieres empezar a anotar y a prestar atención, puedes tener en cuenta estas tres reglas:

  • Un sueño absurdo normalmente lo es porque al despertar has mezclado dos sueños diferentes. Trata de desentrelazar las capas.
  • Normalmente lo que sucede en segundo plano es más importante que lo sucede delante.
  • Los objetos (o personas, o lugares) no son sólo objetos, son las emociones que trasmiten.

Un ejemplo rápido, para terminar: alguien sueña que está en su habitación, y que cuando despierta hay una persona que le observa fijamente. El dormitorio implica un lugar privado, íntimo, donde nadie debería vernos si no queremos. Pero hay un desconocido. La sensación es de incomodidad. Este sueño podría significar que el soñador está cansado o agobiado por la presión del escrutinio público. Quizás opiniones en el trabajo o en las redes sociales que no valoran sólo su labor, sino que entran en lo personal. ¿Y cómo podemos saber si ese análisis es correcto? Si al que lo ha soñado le parece que todo encaja, lo es. Si no, hay que seguir probando.

 

Deja un comentario