Magia práctica (I): meditación y visualización

Utilizar el término “magia” al comienzo siempre resulta extraño o excesivo. “Vamos a hacer magia” invoca para muchos imágenes de espíritus levantándose de la tierra, bolas de fuego, transformaciones… Para eso, la magia de los cuentos y los libros. En la realidad, no perdamos nunca de vista los principios esenciales de la magia: la magia es un fenómeno natural y, al mismo tiempo, un proceso esencialmente interno. Dicho eso, ¿qué necesitamos para hacer magia? Pues basicamente respirar, o al menos ese es el punto de partida.

La meditación es una herramienta común a muchas culturas, religiones y épocas, y en todos los lugares del mundo siempre parte del mismo punto de partida: para meditar hay que respirar. Pero no de forma automática, sino siendo conscientes de nuestra respiración. Por un instante nos alejamos de todo el ruido interno y externo, y percibimos como el aire entra y sale de nuestros pulmones, con lentitud e intensidad. Nada más. Simplemente dedica un poco de tiempo a eso una o varias veces al día. Cuando dejes de sentirte rara por pararte a respirar (sentada en el sofá, en la ducha, en mitad del parque), podemos pasar al siguiente paso.

La visualización: meditación enfocada

Dentro de la wicca, cuando hablamos de visualizar nos estamos refiriendo a meditar enfocando la voluntad sobre una imagen o concepto concretos. Una vez que somos conscientes de la respiración y nos encontramos cómodas con ella, pasamos a centrar la mente en un objeto. ¿En cual? Como práctica, cualquiera, pero se recomienda algo cambiante para mantener a raya al aburrimiento. Se puede meditar fijándonos en las variaciones de la llama de una vela, en el reflejo del sol sobre el agua, en las hojas de un árbol. Sin perder nunca el control de nuestra respiración, pasamos a ser conscientes de todos los detalles de lo que tenemos delante.

Meditación centrándonos en una llama

Cuando nos sintamos cómodos con el proceso de meditar sobre un objeto, podemos dar un salto más. Elegimos un objeto estático (una manzana, un libro, una flor), y meditamos sobre él. Y a continuación cerramos los ojos para volver a visualizar completamente lo que teníamos delante. No ver, sino percibir en todas sus dimensiones: color, olor, peso, tacto. Vamos detallando cada minúscula parte del objeto, lo hacemos girar con la mente. Creamos una figura de energía en nuestro interior.

¿Cuál sería el paso final de la visualización? Crear frente a nosotros el objeto, con los ojos abiertos y sin haberlo tenido delante justo antes. Entramos en estado de meditación, respiramos profundamente, y visualizamos lo que deseemos, atendiendo a los cinco sentidos, dedicándole todo el tiempo necesario.

¿Y para qué todo esto? Recordemos lo esencial: la magia consiste en proyectar la voluntad sobre la realidad. En ser capaces de visualizar lo que queremos que suceda. Y para eso necesitamos una mente centrada y firme.

La mente es la primera y la última herramienta de la bruja, lo único que necesita para enfocar su voluntad. El resto de objetos y rituales son sólo la forma de convencernos de que lo que vamos a hacer es posible.

3 comentarios

  1. Realmente gracias, quisiera practicar la wicca, y me da un poco de “miedo” que la información que me encuentre sean patrañas, me recomendaron tu blog.

    • Bienvenida :-). Yo empecé leyendo blogs también, y fueron las contradicciones lo que me llevó a los libros. Después aprendes que no hay una única forma de hacer las cosas y que, sobre todo cuando hablamos de religiones y filosofías, a menudo tu instinto es tu mejor herramienta. Así que espero que el camino que yo he recorrido te sea útil en este otro camino que empiezo a compartir. Pronto escribiré un poco sobre los orígenes y las tradiciones de la wicca, para que todos podamos estar más orientados. Y, para cualquier cosa que te interese o algo que no haya quedado claro, no dudes en preguntar :-).
      J.

  2. Pingback: Un hechizo simple con vela - Magia Moderna y Wicca

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